El silencio no es debilidad, es dominio propio. Una persona verdaderamente fuerte no necesita reaccionar a cada provocación, porque sabe quién es y cuál es su valor. Guardar silencio ante la ofensa no significa miedo, sino carácter; es la decisión consciente de no rebajarse, de no desperdiciar energía en lo trivial y de mantener intacta la propia dignidad.
Tomado de la red.
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