La historia del Oeste americano que nos ha vendido Hollywood suele ser simplista: vaqueros contra indios, casacas azules contra pieles rojas. Pero la realidad histórica es un tapiz mucho más complejo, lleno de zonas grises, donde las líneas entre oprimidos y opresores a veces se desdibujan de formas incómodas.
Hoy os traigo uno de esos episodios que rara vez aparecen en los libros de texto: el día en que los esclavos negros se levantaron en armas, no contra el hombre blanco, sino contra sus amos nativos americanos.
Para entender lo que sucedió en 1842, debemos mirar atrás. A principios del siglo XIX, las naciones nativas del sureste de EE.UU. (Cherokee, Creek, Choctaw, Chickasaw y Seminola) se enfrentaban a una presión brutal para ceder sus tierras. Para sobrevivir y demostrar que podían coexistir con los blancos, la élite de estas tribus decidió asimilarse. Se les llamó las "Cinco Tribus Civilizadas".
¿Y qué significaba ser "civilizado" en el sur de EE.UU. en 1830? Significaba adoptar el cristianismo, construir casas de estilo europeo y, crucialmente, adoptar la economía de plantación basada en la esclavitud de personas negras.
Cuando los Cherokee fueron expulsados de sus tierras ancestrales en el "Sendero de las Lágrimas" hacia el actual Oklahoma, se llevaron consigo a sus esclavos. De hecho, algunos de los hombres más ricos del Territorio Indio eran jefes Cherokee mestizos que poseían enormes plantaciones de algodón trabajadas por cientos de afroamericanos.
En Webbers Falls, Territorio Indio (Oklahoma), vivía "Rich Joe" Vann, un magnate Cherokee famoso por sus barcos de vapor, sus caballos de carreras y por poseer cientos de esclavos. El 15 de noviembre de 1842, la tensión estalló. Decenas de esclavos, la mayoría propiedad de la familia Vann y otros líderes tribales, decidieron que ya era suficiente. No fue una fuga improvisada; fue una operación perfectamente calculada.
Tomaron el control de la herrería, se armaron con rifles y municiones, robaron caballos y mulas, y huyeron hacia el suroeste. Su destino no era el Norte abolicionista, que estaba demasiado lejos. Su tierra prometida era México, donde la esclavitud había sido abolida y donde sabían que encontrarían refugio si lograban cruzar la frontera.
La respuesta del Consejo Nacional Cherokee fue inmediata. No llamaron a la caballería de los EE.UU.; lo consideraron un asunto interno. Autorizaron la formación de una milicia de guerreros Cherokee, liderada por el Capitán John Drew, para cazar a los fugitivos.
Imaginad la escena, tan contraria a los estereotipos: guerreros nativos americanos, expertos rastreadores, persiguiendo a hombres y mujeres negros armados que luchaban desesperadamente por su libertad a través de las llanuras.
La fuga duró semanas. Los fugitivos se fortificaron cerca del Río Rojo, lucharon contra los cazadores de esclavos y sufrieron hambre y frío extremo. Finalmente, agotados y superados en número, la mayoría fueron capturados antes de alcanzar la seguridad de Texas o México.
El retorno fue brutal. Algunos líderes de la revuelta fueron ejecutados y el resto devuelto a trabajos forzados. La Nación Cherokee, asustada por la magnitud de la revuelta, aprobó leyes mucho más duras, restringiendo aún más la vida de sus esclavos y expulsando a los negros libres del territorio para evitar que "contagiaran" ideas de libertad.
Este episodio es una pieza de historia imprescindible para entender la complejidad de América, porque rompe nuestra narrativa moderna de solidaridad automática entre grupos oprimidos. Nos muestra cómo la institución de la esclavitud era un veneno tan potente que infectó incluso a aquellos que también sufrían el racismo y el desplazamiento del hombre blanco.
Tomado de: https://www.facebook.com/photo/?fbid=1347621870732468&set=a.585074120320584
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