Imagina cargar a un emperador sobre tu lomo durante 20 años de batallas, ser herido en ocho ocasiones, según las crónicas, sobrevivir a la derrota más épica de la historia y terminar tus días exiliado en un país enemigo.
Esa fue la vida de Marengo.
En 1799, Napoleón Bonaparte importó un semental árabe gris desde Egipto. Un año después lo llamaría Marengo, en honor a su victoria de 1800. Era pequeño —apenas 145 cm de altura— pero tenía algo que ningún otro caballo poseía: resistencia sobrehumana y un temperamento inquebrantable bajo fuego.
Marengo cargó a Napoleón en Austerlitz, Jena, Wagram y, según varios relatos, también en la campaña de Rusia en 1812. Mientras miles de caballos morían por frío, hambre y agotamiento, Marengo siguió adelante.
¿Pero sabes qué es lo más increíble?
En Waterloo, 1815, cuando todo colapsó y Napoleón fue derrotado, Marengo fue capturado por soldados británicos. Lo llevaron a Inglaterra como trofeo de guerra. Allí vivió hasta 1831, alcanzando los 38 años —una edad casi imposible para un caballo, especialmente uno de guerra.
Su esqueleto fue preservado. Hoy puedes verlo en el National Army Museum de Londres. Dos de sus cascos fueron convertidos en tabaqueras. Uno pertenece al regimiento que lo capturó.
Marengo nunca eligió la guerra. Nunca entendió las ambiciones imperiales ni las estrategias militares. Pero galopó donde le pidieron, soportó lo insoportable y permaneció leal hasta el final.
Los animales no escriben la historia. Pero a veces, la cargan sobre sus lomos.
De la red.
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