A menudo cometemos el error de querer "salvar" a otros de su propia esencia. Imaginamos que, al rodear a alguien de belleza, virtud o comodidades, cambiará su naturaleza interna. Pero el gusano estercolero nos dicta una lección de crudo realismo.
Puedes tomar a esa criatura y depositarla sobre los pétalos aterciopelados de una rosa fresca. Puedes rodearla de la fragancia más sublime y del rocío de la mañana. Sin embargo, el gusano no verá belleza; verá un exilio. Huirá desesperado, buscando de nuevo el fango y el desperdicio.
¿Qué nos enseña esto sobre el carácter?
La Naturaleza no se fuerza: El estoicismo nos enseña que cada cosa actúa según su propia constitución (prohairesis). Pedirle al gusano que ame la rosa es tan inútil como pedirle al sol que no brille.
El juicio es tuyo, no del objeto: Nosotros llamamos "suciedad" al estiércol y "belleza" a la rosa. Para el gusano, el orden es el inverso. El sabio comprende que el conflicto no está en el animal, sino en nuestra expectativa de que este se comporte de forma distinta a lo que es.
La futilidad del control: Gastamos energía intentando "embellecer" a personas o situaciones que no desean ser cambiadas.
Marco Aurelio decía: "El que busca lo imposible es un loco". Forzar a un gusano a vivir en una rosa es una forma de locura.
La Lección Práctica
No te desgastes tratando de convertir lo que nació para el suelo en algo que aspire al cielo. Acepta a las personas y a las circunstancias por lo que son, no por lo que tú desearías que fueran. La verdadera paz mental comienza cuando dejas de intentar decorar el barro y empiezas a caminar con firmeza sobre el camino que tienes delante.
"Acepta las cosas a las que el destino te ha unido y ama a las personas con las que el destino te ha traído, pero hazlo con todo tu corazón."
— Marco Aurelio.
Tomado de: https://www.facebook.com/photo/?fbid=907388692266132&set=a.102410326097310
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