El 14 de abril de 1931, fue proclamada la Segunda República Española, y Su Majestad el Rey don Alfonso XIII, salió al exilio.
Desde ese momento, los monárquicos de la capital, que no eran pocos, comenzaron a reunirse en secreto para buscar formar un Partido Monárquico.
El director del diario ABC, don Luca de Tena, viajó a Londres donde se entrevistó con Su Majestad.
El Rey, consciente de los hechos que vivía su patria, invitó a los monárquicos a participar de la vida política de la República.
Tras el regreso de don Luca a España, el 10 de mayo se reunieron los simpatizantes de la Monarquía y fundaron el Círculo Monárquico. Tras la elección de los directivos, la congregación lanzó vivas al Rey y la Monarquía, a lo que un taxista, que había llevado a unos jóvenes al lugar, gritó “viva la República”, causando el molestar de los jóvenes quienes pelearon con el hombre.
Este hecho desató violencia en el lugar.
La policía trató de calmar los disturbios, pero los republicanos quemaron incluso sus coches, mientras los monárquicos se refugiaron. La noticia rápidamente viajó por todo Madrid, con el rumor de que los jóvenes habían matado al taxista.
Los republicanos buscaron entonces acabar con los monárquicos, asaltando primero, la sede del ABC. La policía resguardó el lugar, lo que suscitó un enfrentamiento, resultando dos muertos, un trabajador y un niño.
Los republicanos intentaron asaltar una armería, a lo que el ministro Indalecio Prieto, intervino para calmarlos. Algo que no pudo, ya que los agitados republicanos quemaron un quiosco de revistas católicas.
Algunos monárquicos fueron detenidos por los disturbios, como don Luca, quienes fueron llevados a la cárcel.
El gobierno de la República rechazó calmar los hechos, con la excusa de que “no podían emplear la fuerza pública contra el pueblo”.

Esa misma noche del 10 de mayo, el Ministro de Gobernación, Miguel Maura, recibió noticias de que al día siguiente los simpatizantes de la República planeaban quemar templos, el ministro respondió “es una tontería, y en caso de ser cierto, sería una muestra de justicia inmanente”.
Al día siguiente, 11 de mayo de 1931, el primer edificio en arder fue la Casa Profesa de los Jesuitas junto a su grandísima biblioteca (una de las más importantes del país), esta vez, el ministro quiso enviar a la Guardia Civil, pero el resto del gabinete del gobierno de la República, se opuso a que se controlara al pueblo republicano, incluso un ministro se burló de que “los jesuitas fueran los primeros en pagar tributo al pueblo”.
En total, esa mañana y la del día siguiente, ardieron diez edificios religiosos, entre escuelas, templos y conventos, ante la pasividad del gobierno y los bomberos.

Estos hechos suscitaron que en otras localidades españolas se repitieran los hechos, siendo en Málaga, el lugar más afectado por los republicanos, donde iniciaron con el intento de quema del palacio del obispo, pues el gobierno socialista de la República en este lugar, no sólo no reprimió a los radicales, sino que incluso hizo que la Guardia Civil les diera tránsito libre.
Málaga sufrió la pérdida de gran material histórico y artístico de diferente índole como archivos, orfebrería, bordados, imágenes, pinturas, libros, entre otras cosas de incalculable valor patrimonial.
20 edificios religiosos, entre conventos y templos, fueron incendiados en Málaga, mientras que otros 16 inmuebles fueron asaltados.
Algunos lugares fueron defendidos por gente de la población. Los hechos también se replicaron en Sevilla, Valencia, Granada, Córdova, Cádiz, Murcia y Alicante.
Fueron alrededor de cien edificios los quemados en España en estos dos días.
Hubo también decenas de muertos y heridos.
El Presidente de la República justificó sus actos diciendo que la no intervención del gobierno estos días evitó un baño de sangre.
El Papa Pío XI condenó los actos e hizo responsable al gobierno de permitir estos actos.
Los socialistas que apoyaron la violencia argumentaron que lo hicieron para evitar un levantamiento monárquico.
La Segunda República terminaría en 1936, siendo la responsable no sólo de esta violencia, sino la de otros muchos abusos y hasta de la misma Guerra Civil, que fue una necesaria cruzada para defender a Dios, la fe, la cultura y el patrimonio.
De la red.
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