Tony Croatto - Bíblica o Madre Dolorosa
https://www.youtube.com/watch?v=bdrIEd_ApTw
Hoy, como otras tardesLa madre dolorosa ve a los niñosJugar en la placitaSiente el dolor profundo del recuerdoAllí jugó su niño en otros díasSu sensibilidad le hace notarQue otra mujer los mira como ellaY en sus ojos de madre ve el destelloDel dolor de otra madre y se le acerca.
Se le acerca"¿Qué mucho se ama a un hijo, verdad?"Le dice suave"Qué mucho amor que el día que nos dejaVivimos su recuerdo en cada instanteNuestro humano corazón no se consuela".
"Eso me pasa a mí"Le dice la mujer en un sollozo"Mi hijo era tan bueno, cariñosoSe me ha muerto y con él se fue la vidaNo me queda consuelo ni reposo".
"Sé lo que sientes"Dice María conmovida"Dolorosa es la muerte, sé cuán duraPero dime su nombre, no estás solaHoy, tu pena y la mía son sólo una".
Y aquella madre, al recibir consueloSe abraza a la otra madre con dulzuraDiciéndole: "Mi hijo, luz de mis ojosLuz de mi vida, luz de mi ternuraQuisiera que lo hubieras conocidoLo hubieras querido, estoy seguraEra un muchacho lleno de virtudesMi hijo se llamaba Judas".
María la abraza tiernamenteSus palabras son bálsamo benditoY allí donde reinaban frío y muerteEl milagro de amor fue de tal suerteQue un cántico se oyó en el infinito.
y el mundo volvió al cauce designado,
ya nadie recordaba la corona de espinas,
ni el madero, ni el tajo en el costado.
La Mater dolorosa,
la Madre de Jesús, la triste rosa,
con su tremenda soledad y el ruego
de su amor maternal,
observaba el bullicio de unos niños en juego,
que era un tropel de abejas alrededor de un panal...
Y vio a su lado la cabeza anciana
de una mujer, con hambre en las pupilas,
que miraba a los niños salpicar la mañana
con granitos de risas y voces intranquilas.
Sus ojos eran lagos de maternal codicia;
!Ese mirar de madre que arrulla y acaricia!
María, comprendiendo aquel dolor humano,
la tomo de la mano, y dijo dulcemente:
—Yo se la sensación que tu alma siente,
es un afán indefinible y fijo,
como el hambre más honda o la sed más ardiente;
y se como calcina como brasa tu mente,
pues como tú, también yo perdí un hijo—.
—Y era mi hijo tan bello!
Rosado y suave como flor de grana,
rubio-castaño, como ese destello
que contra el monte quiebra la mañana.
Y había una mansedumbre en su mirar,
y un místico heroismo...
y su palabra era severa cual la lumbre…
que acuchilla la sombra en el abismo!...
—¿Dime, del tuyo?— pregunto María.
—El mio, era rosado como el día
cuando en el cielo el sol prende su broche,
fresco como un botón entre el ramaje,
su mirada era oscura cual la noche,
y su voz era un trino en el follaje.
Sus bucles eran barbas de maizales
maduros, en las luces otoñales,
sus manecitas, tenues y sedosas,
eran dos avecillas armoniosas;
no había nada en el mundo como el diáfano encanto
del sonar de su risa a través de su llanto.
Y al mirar estos niños, me revienta en el seno
la imagen de mi niño pelirrojo y moreno".
—Fácil es comprender —María le dijo—
el hondo cause de tus penas mudas,
¿Quién eres tú, la madre de tan hermoso hijo?
Y respondió la otra:
—Soy la madre de Judas...
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