Chadys (Combo) 2 Libros y CD

Agradezco su aportación


Las donaciones son bienvenidas, y de forma segura a través de PayPal.



Translate

Saludos cordiales:

¡Bienvenidos, amigos del blog! Es un placer abrirles las puertas de este espacio que he cultivado desde 2009, un rincón donde convergen mis pasiones por diversas disciplinas humanísticas: las artes, la historiografía, la música, la literatura y la espiritualidad. Con el fin de atesorar, conservar y compartir, recopilo trabajos, obras, escritos y cantos de otros que valoro, y los combino con aportaciones originales que nacen de mi contemplación, estudio, reflexión, arte y creatividad. Para accesar las publicaciones originales debes escribir mi nombre (Chadys) o iniciales (CP) en la barra de búsqueda del blog. Espero puedan disfrutar de este espacio, al igual que disfruto yo al compartirlo con ustedes. También pueden explorar mi música en Spotify y YouTube. Quienes deseen adquirir mis obras literarias y musicales pueden hacerlo a través de su librería preferida, en Amazon, eBay, o contactándome directamente. Gracias por acompañarme en esta saga, un abrazo solidario.

Visitas al blog

miércoles, 13 de mayo de 2026

El orden sin nombre.

 Puede ser una imagen de mapa y texto

Despotismo hidráulico digital, secesión de élites y el error epistemológico que ningún código puede corregir

Hay un momento en la historia de las civilizaciones en que el lenguaje del orden vigente ya no alcanza para describir lo que está ocurriendo. No porque la realidad haya dejado de existir, sino porque las categorías que el orden construyó para interpretarla fueron diseñadas para sostenerlo, no para ver más allá de él. Ese momento produce una parálisis característica: los análisis se vuelven más sofisticados, los datos más abundantes, los modelos más refinados, y la capacidad de actuar sobre la situación se reduce en proporción directa a la cantidad de información disponible. Este ensayo
argumenta que ese momento es el presente, y que la parálisis no es un defecto del análisis sino su síntoma. La salida no está en más análisis del mismo tipo. Está en comprender por qué el tipo de análisis disponible no puede ver lo que más importa, y en nombrar desde otro lugar lo que está emergiendo.

I. El tablero material: lo que China ha construido mientras Occidente debatía

La narrativa dominante sobre la competencia tecnológica entre China y el eje anglosajón se organiza en torno a la pregunta de los chips: quién fabrica los semiconductores más avanzados, quién controla las impresoras de litografía de extremo ultravioleta, quién domina los algoritmos de inteligencia artificial más potentes. Esa narrativa no es falsa.

Es incompleta de una manera que importa, porque las preguntas que omite son más decisivas que las que formula.
China controla aproximadamente el 91% de la capacidad global de separación y refinamiento de tierras raras, según datos de la Agencia Internacional de Energía, estableciendo una dominancia sobre la porción técnicamente más compleja y más intensiva en capital de toda la cadena de suministro. Con cerca del 90% de la capacidad mundial de refinamiento y procesamiento de tierras raras, China controla efectivamente el flujo de materiales utilizados en productos que van desde los vehículos eléctricos y las turbinas eólicas hasta los semiconductores avanzados y las municiones de precisión. China figura como refinador dominante en 19 de los 20 minerales analizados por la IEA en su Perspectiva Global de Minerales Críticos para 2025, representando aproximadamente el 70% de la capacidad de procesamiento global.

Las impresoras ASML y los espejos de Carl Zeiss —el monopolio tecnológico que el eje anglosajón mantiene sobre la litografía de extremo ultravioleta— fabrican los mejores chips del mundo. Pero los chips sin los materiales para fabricarlos son ingeniería sin materia.

China mantiene el monopolio de separación de dos elementos de tierras raras —disprosio y terbio— críticos para la fabricación de imanes permanentes capaces de resistir altas temperaturas. Esos imanes son componentes clave en los actuadores del F-35, los robots humanoides de Tesla y los submarinos de la clase Virginia. El monopolio no está en la punta de la cadena sino en su mitad: en el proceso de refinamiento que nadie en Occidente ha podido replicar a escala porque requiere décadas de inversión estatal sostenida, tolerancia de costos ambientales que las democracias liberales no pueden sostener políticamente, y conocimiento acumulado que no se transfiere mediante licencias.

En energía, la asimetría es igualmente estructural. El eje anglosajón depende del gas natural de esquisto —que necesita el barril por encima de ochenta dólares para ser rentable— y del gas del Golfo Pérsico, cuyo tránsito Irán puede interrumpir. China está construyendo el CiADS: el primer sistema accionado por acelerador de partículas del mundo, proyectado operativo en escala megavatio para 2027, con la capacidad de quemar residuos radioactivos como combustible y de proveer energía nuclear modular
independiente de cualquier ruta marítima.

Si ese sistema funciona según lo proyectado, China tendrá para 2035 una infraestructura energética para sus centros de datos de IA que no depende de ningún estrecho que la talasocracia controle ni de ningún precio del petróleo que los fondos de cobertura manipulen.

En logística, China ha construido la doble redundancia que el análisis anglosajón
subestima consistentemente. Por tierra: la Iniciativa de la Franja y la Ruta, con sus
ferrocarriles transcontinentales que conectan Shanghái con Rotterdam sin pasar por ningún estrecho marino. Por el mar ártico: en septiembre de 2025, China inauguró la primera ruta comercial regular que recorre el norte ártico en lugar del canal de Suez, reduciendo el tiempo de navegación entre Asia y Europa a la mitad y eludiendo Malaca, Suez y Ormuz simultáneamente. Por finanzas: el e-CNY cubre el 38% del comercio mundial con comisiones un 98% inferiores a las del sistema SWIFT, y el yuan es ya la segunda moneda de financiación del comercio global.

La pregunta que ese cuadro impone no es si China ganará la competencia tecnológica en el dominio de los algoritmos —que es la pregunta que Palantir, OpenAI y los analistas de defensa anglosajones formulan—. Es si el dominio de los algoritmos puede sostenerse sin el dominio de la materia que los algoritmos necesitan para existir
como objetos físicos. Un centro de datos es silicio, cobre, tierras raras, energía y agua. China controla o está construyendo alternativas para todos esos insumos. El eje anglosajón controla el software que los organiza y el sistema financiero que los paga. Cuando el sistema financiero se erosiona —y el índice Buffett en 229,9% y el oro en cinco mil dólares por onza son señales de que esa erosión está en curso— la pregunta sobre qué es más valioso tiene una respuesta más material de lo que el discurso sobre la supremacía tecnológica sugiere.

II. Las network states como proyecto de secesión: Praxis, Rand y Kurzweil

Frente a ese tablero, una fracción del capital de Silicon Valley ha tomado una decisión que el análisis político convencional no puede procesar porque no encaja en ninguna de sus categorías: está abandonando el proyecto de controlar los Estados nacionales desde adentro y está construyendo la infraestructura jurídica, territorial y cultural para existir sin ellos.

Praxis declara al enero de 2026 tener 151.068 ciudadanos de 80 países distintos, con empresas fundadas por sus miembros que alcanzan una valoración agregada de 1,117 billones de dólares. Sus fundadores exploraron Groenlandia como posible ubicación en noviembre de 2024, hablando con políticos groenlandeses sobre el proyecto. El fundador de Praxis, Dryden Brown, fue homeschooled para dedicarse al surf competitivo, estudió a Ayn Rand y a los economistas austríacos en la secundaria, y ha declarado abiertamente que su inspiración es el Galt's Gulch de Rand, la utopía capitalista donde los creadores se retiran de la sociedad parasitaria. Esa filiación ideológica no es decorativa. El Manantial (1943) y La rebelión de Atlas
(1957) de Ayn Rand son los textos fundacionales de lo que el ensayo sobre la inversión teológica de este corpus denominó la recaída metafísica del siglo XXI: la creencia de que existe una élite de creadores cuya superioridad no es contingente sino esencial, y cuyo destino es liberarse de la mediocridad de las masas que se benefician de su
trabajo sin comprender ni merecer su genio. En Rand, esa creencia produce la fantasía de la secesión: Galt's Gulch, el valle donde los creadores se retiran y dejan que la sociedad parasitaria colapse sin ellos. Praxis es Galt's Gulch con dominio .com y lista de espera de 50.000 personas.

La escatología tecnológica que Ray Kurzweil provee al proyecto completa la arquitectura. Kurzweil cree que la inteligencia artificial alcanzará la Singularidad aproximadamente en el 2045: el punto a partir del cual la inteligencia artificial supera a la humana en todos los dominios y el progreso tecnológico se vuelve tan rápido que ningún análisis previo puede anticiparlo. Kurzweil cree que nos encontramos en vísperas de transformaciones tecnológicas que llevarán a la completa reestructuración del tejido de la realidad, transmutando el universo en un ser vasto y pensante. Lo que esa escatología provee al proyecto de las network states es la justificación temporal de la secesión: si la Singularidad está próxima, lo que importa no es mejorar las instituciones existentes sino posicionarse antes de que llegue. Las naciones, los parlamentos, los sistemas de seguridad social: son instituciones del pasado que la Singularidad hará obsoletas. Lo urgente es construir las plataformas donde los creadores estarán cuando ese momento llegue. Harari completa el triángulo desde el polo opuesto: si Rand justifica la secesión de las élites y Kurzweil le provee su escatología, Harari provee el manual de gestión de lo que queda. Su tesis —que la mayoría de los seres humanos serán «inútiles económicamente» en el horizonte de las próximas décadas, y que el desafío es encontrar maneras de mantenerlos ocupados y relativamente felices— no es un análisis crítico del absolutismo de plataforma. Es su política de recursos humanos formulada con sintaxis humanista. La diferencia entre Harari y sus antecesores en el género
es que él ha sido incorporado al sistema como intelectual oficial: sus conferencias en el Foro Económico de Davos, sus entrevistas con los directivos de las grandes plataformas, su presencia en los programas educativos de las élites globales, todo indica que el sistema lo recibe no como crítico sino como planificador. Lo que llama «desafío» —qué hacer con los inútiles económicos— es lo que la tradición política llamaba dominación. Pero formulado como preocupación humanista, produce una
audiencia que lo escucha con alivio en lugar de con alarma.

Lo que une a pensadores tan distintos y alejados en el tiempo, a Rand, a Kurzweil y a Harari no es una conspiración sino una coherencia ideológica profunda: La élite que posee los algoritmos, comprende
la Singularidad y planifica la gestión de los inútiles no está usurpando ningún lugar:
está ocupando el lugar que le corresponde por su superioridad cognitiva. El código es el nuevo criterio de elegibilidad para el orden que viene, y quien no lo comprende no tiene derecho a opinar sobre él.

III. El pivote hacia Israel y el vaciamiento de las poblaciones

El proyecto de las network states no flota en el vacío. Necesita una plataforma
operativa que ofrezca lo que ningún Estado democrático occidental puede ofrecer simultáneamente: alta capacidad tecnológica propia, integración total entre el sector privado y el aparato de seguridad, baja presión regulatoria sobre los experimentos que las democracias liberales ya no toleran políticamente, y posición geográfica en el nodo del corredor logístico que desafía la Ruta de la Seda china.

Esa plataforma es Israel. No el Israel de la narrativa sionista clásica —Estado refugio
del pueblo judío disperso— sino el Israel del proyecto que los informes de 2026
denominan Sionismo 2.0: el hub estratégico y tecnológico donde el capital financiero transnacional que ha perdido la paciencia con las democracias lentas y electoralmente dependientes está trasladando su centro operativo. El corredor IMEC —India, Medio
Oriente, Europa—, el Project Sunrise de Kushner, la participación de los Emiratos
en el Project Stargate de Altman: todos apuntan en la misma dirección. El capital
post-nacional está eligiendo su jurisdicción preferente, y esa elección no es sentimental. Es estratégica.

El mecanismo doméstico que financia ese posicionamiento es el OBBBA: la
«One Big Beautiful Bill Act» firmada en julio de 2025. Su arquitectura es la del
despotismo hidráulico aplicado a la distribución fiscal: recorta el impuesto de
sucesiones hasta quince millones de dólares; elimina la cobertura médica de 10,9 millones de norteamericanos; y reduce en 187.000 millones la ayuda alimentaria de cuarenta y dos millones de personas. El agua fluye hacia arriba. Los que construyen las plataformas donde vivirá la élite post-nacional las construyen con dinero público que ya no llega a los ciudadanos que lo produjeron. Las poblaciones norteamericana y europea no son el sujeto de ese proyecto. Son su fuente de financiamiento.

Lo que los fondos de inversión entienden —y que la opinión pública de esas
poblaciones no ha procesado— es que el proyecto es coherente en sus propios
términos. No necesita la lealtad de esas poblaciones para funcionar. Necesita que
estén suficientemente atomizadas para no poder resistirlo colectivamente, y
suficientemente conectadas a las plataformas de entretenimiento y consumo para no percibir la resistencia como urgente. El algoritmo provee lo primero; Harari planifica lo segundo.

IV. El error epistemológico de fondo: Maturana, Varela y la información que no existe afuera

Hay un error de fondo en toda esa arquitectura —en la doctrina de Palantir, en el proyecto de vigilancia de las network states, en el sistema de crédito social chino también, porque el error no es anglosajón sino epistemológico— que ningún poder puede ver porque es el error que constituye la premisa de la que ese poder parte.

La premisa es que la información es un recurso externo que los organismos reciben y procesan. Más datos equivalen a más conocimiento. Más conocimiento equivale a mayor capacidad de predicción. Suficiente capacidad de predicción equivale a control total del comportamiento del sujeto vigilado. Esa es la arquitectura conceptual que sostiene a Palantir, al sistema Maven, al ImmigrationOS y al proyecto de vigilancia
total que los veinticinco mil millones anuales del presupuesto de inteligencia
norteamericana intentan construir.

Humberto Maturana y Francisco Varela demostraron en Autopoiesis and Cognition
(1980) y en The Tree of Knowledge (1987) que esa premisa es falsa en su raíz
biológica. Un organismo vivo no es un sistema de procesamiento de información
externa. Es un sistema autopoiético: una red de procesos que se produce y reproduce a sí misma, que mantiene su organización frente a las perturbaciones del entorno y que no «recibe» información del exterior en ningún sentido que el término información pueda sostener con rigor. Lo que llamamos información no preexiste al organismo como dato objetivo disponible en el exterior: emerge en el proceso de ajuste homeostático, cuando el organismo construye internamente la distinción que le permite responder
a la perturbación. La información no está en el exterior esperando ser recabada.
Es una construcción del sistema que se perturba.

Eso no es un argumento filosófico abstracto: es la descripción de lo que ocurre a nivel celular. Una bacteria que detecta un gradiente de glucosa no está «recibiendo información» sobre la glucosa: está perturbando su homeostasis en respuesta a un cambio en su entorno químico y ajustando su comportamiento de manera que restaure el equilibrio interno. La distinción entre la glucosa que alimenta y la toxina que daña no está inscrita en el exterior como dato objetivo: emerge del acoplamiento entre la
organización del sistema y el entorno que ese sistema puede distinguir. El Umwelt de Uexküll —el mundo-propio de cada organismo, constituido por los signos que su aparato perceptivo puede procesar— es la misma intuición expresada desde la biología comparada: cada organismo habita el mundo que su organización le permite construir, no el mundo que existe independientemente de esa organización.

Las consecuencias para el absolutismo de plataforma son de una radicalidad que sus
arquitectos no han procesado. Si la información no preexiste al organismo como dato externo sino que emerge en el acoplamiento entre el sistema y su entorno, entonces ningún sistema de vigilancia puede producir conocimiento completo del sujeto que vigila, porque el conocimiento del sujeto es inseparable del acoplamiento entre ese sujeto y su entorno —y ese entorno incluye el sistema de vigilancia mismo. Cambiar
el entorno mediante la vigilancia cambia al sujeto que se vigila. El sujeto que sabe que está siendo modelado construye información diferente de la que construiría sin ese conocimiento. No hay convergencia: hay el bucle autorreferencial que Gödel formalizó
en términos lógicos, ahora fundado en biología además de en lógica. El panóptico que lo ve todo produce exactamente el sujeto que no puede predecir, porque la visibilidad total altera el comportamiento de manera que ningún modelo puede anticipar.

El error de Kurzweil es el mismo error en escala escatológica. Su tesis de la Singularidad descansa sobre la extrapolación de la Ley de Moore —el número de transistores por
chip se dobla cada dieciocho meses— hacia todos los dominios del conocimiento y de la capacidad cognitiva. Esa extrapolación trata la inteligencia como si fuera un dato cuantificable que puede aumentarse indefinidamente mediante la acumulación de procesamiento, de la misma manera en que la información se acumula en un disco duro. Pero si la inteligencia —como la información— no es un recurso externo acumulable sino una propiedad emergente del acoplamiento entre un sistema y su
entorno, entonces la extrapolación cuantitativa de Moore no aplica. No hay una «cantidad de inteligencia» que pueda aumentarse indefinidamente mediante más transistores, de la misma manera en que no hay una «cantidad de vida» que pueda aumentarse indefinidamente mediante más células. La vida emerge de la organización,no de la cantidad. Y la organización no es escalable de la manera en que lo es el hardware.

V. Los lenguajes inconmensurables y los límites que el poder no puede ver

El corpus de ensayos ha establecido que el conocimiento opera siempre a través de velos, inspirados en el velo de Maya, de la tradición de la India—campos de acoplamiento asimétricos que producen alta resolución sobre algunos dominios y opacidad constitutiva sobre otros—, y que esos velos son inconmensurables entre sí desde ningún punto de vista neutro. La física cierra sobre la masa y la energía. La biología cierra sobre el metabolismo y la reproducción. La neurobiología cierra sobre correlatos neurales. La vivencia intuitiva cierra sobre la duración vivida y la intersubjetividad. El código binario cierra sobre las operaciones que pueden reducirse a secuencias de ceros y unos. Ninguno de esos campos contiene
a los demás. Todos son velos con opacidades específicas sobre un continuo material que ninguno agota.

El error epistemológico que el absolutismo de plataforma comete —en su versión
anglosajona y en su versión china— es creer que el velo del código binario puede
contener a todos los demás. Que la realidad social, política, económica, cultural y biológica de los sujetos humanos puede reducirse sin residuo a patrones de datos procesables por algoritmos. Ese error no es nuevo: es el error leibniziano que Gödel demostró imposible en 1931, ahora resucitado con un poder de cómputo que el propio Leibniz no hubiera podido imaginar. La escala no cambia la estructura del argumento. El sistema más grande sigue siendo incompleto en el mismo sentido en que lo era el sistema más pequeño. Y el bucle autorreferencial —el sistema que intenta verse
a sí mismo sin punto ciego— sigue siendo el límite que ninguna cantidad de parámetros puede suprimir.

Lo que eso significa para el análisis geopolítico es una consecuencia que el poder no puede ver desde adentro: los sistemas de control más sofisticados que la historia ha producido son también los más vulnerables a perturbaciones que sus propios modelos no pueden anticipar, precisamente porque su sofisticación los hace dependientes de las premisas que los construyeron. El sistema Maven que selecciona objetivos militares mediante IA es más potente que un analista humano en los dominios para los que fue entrenado y completamente ciego en los dominios para los que no
fue entrenado —incluyendo exactamente los dominios en que los adversarios que han comprendido sus límites elegirán operar. El sistema de crédito social chino que predice el comportamiento de los ciudadanos produce ciudadanos que aprenden a comportarse de maneras que el sistema no puede predecir. El panóptico perfecto produce la resistencia perfecta, porque la visibilidad total es también el mapa completo de los puntos ciegos del sistema para quienes lo conocen desde afuera.

VI. El orden sin nombre: lo que emerge cuando el lenguaje del orden anterior no alcanza

En mayo de 2026, el sistema internacional está en un punto de reconfiguración
que no tiene precedente inmediato y que las categorías del viejo orden liberal no
alcanzan a describir con precisión. El 17 de abril, el Estrecho de Ormuz estaba
técnicamente abierto y estratégicamente en disputa. Los EAU salieron de la OPEP
el 1 de mayo. El índice Buffett está en 229,9%. Los contenedores de helio están
vacíos. Los agricultores del hemisferio norte deciden cuánta urea pueden pagar a
616 dólares la tonelada. Palantir cotiza por encima de ciento cincuenta dólares y
no paga impuestos federales. China controla el 91% del refinamiento de las tierras raras que los chips de Palantir necesitan para existir. Y los fundadores de Praxis tienen 151.068 «ciudadanos» en lista de espera que han leído a Rand y a Kurzweil y creen que el futuro se construye sin los que no comprenden el código.

El orden que sucederá al actual no tiene nombre todavía porque los actores que
lo están construyendo tampoco lo tienen claro. China está construyendo infraestructura —canales de agua, en el sentido hidráulico que este corpus ha desarrollado— sin haber formulado la doctrina que justificará ese sistema una vez que esté operativo.

Silicon Valley está construyendo la secesión —las plataformas jurídicas, territoriales y cognitivas de un orden post-nacional— sin haber comprendido que la materia que necesita para construirlas está en manos del adversario que desprecia. El eje anglosajón está defendiendo un orden cuya legitimidad ha destruido con sus propias manos al usarlo sistemáticamente como instrumento de poder particular en lugar de usarlo
como principio de organización.

Lo que sí puede decirse con la precisión que el análisis materialista permite es qué
tipo de actor sobrevivirá la transición con capacidad de determinar sus propias
condiciones de existencia. No el que tiene el mejor análisis del momento —que es
siempre abundante en los períodos de transición y siempre insuficiente para actuar—. El que ha construido, antes de que el nuevo orden se consolide, las bases materiales que lo hacen irreductible a los flujos que el orden determine: energía propia, materiales propios, rutas propias, sistemas financieros con cierre categorial propio, instituciones
de conocimiento que produzcan verdades verificables sobre sus propios recursos
estratégicos, y cuerpos intermedios que organicen la resistencia colectiva frente al
individualismo que el mercado y el algoritmo imponen.

La soberanía no se declara en discursos. No se negocia en acuerdos que el aliado
viola en tiempo real. No se protege con comunicados de cancillería. Se construye. Con silicio, con acero, con agua, con rutas, con finanzas, con voluntad
política de largo aliento y con la claridad de que el velo no puede retirarse, pero puede corregirse.

Y que en ese proceso de corrección —infinito, imperfecto, siempre
incompleto— es la única tarea que el momento histórico no admite postergar.
Lo demás es escatología con buena financiación y ningún teorema de incompletitud que la detenga.

De la red.

Bibliografía: 

Maturana, Humberto, y Francisco Varela. Autopoiesis and Cognition: The Realization
of the Living. D. Reidel Publishing, 1980.

Maturana, Humberto, y Francisco Varela. The Tree of Knowledge: The Biological
Roots of Human Understanding. Shambhala Publications, 1987.

Varela, Francisco; Thompson, Evan; Rosch, Eleanor. The Embodied Mind: Cognitive
Science and Human Experience. MIT Press, 1991.

Uexküll, Jakob von. Umwelt und Innenwelt der Tiere. Julius Springer, 1909.

Bueno, Gustavo. El animal divino: ensayo de una filosofía materialista de la religión.
Pentalfa Ediciones, 1985.

Bueno, Gustavo. Teoría del cierre categorial. 5 vols. Pentalfa Ediciones, 1992-1993.

Bueno, Gustavo. El mito de la cultura. Prensa Ibérica, 1996.

Gödel, Kurt. «Über formal unentscheidbare Sätze der Principia Mathematica und
verwandter Systeme I». Monatshefte für Mathematik und Physik, vol. 38, 1931,
pp. 173-198.

Wittfogel, Karl A. Oriental Despotism: A Comparative Study of Total Power.
Yale University Press, 1957.

Rand, Ayn. The Fountainhead. Bobbs-Merrill Company, 1943.

Rand, Ayn. Atlas Shrugged. Random House, 1957.

Kurzweil, Ray. The Singularity Is Near: When Humans Transcend Biology.
Viking Press, 2005.

Kurzweil, Ray. The Singularity Is Nearer: When We Merge with AI.
Viking Press, 2024.

Harari, Yuval Noah. Homo Deus: A Brief History of Tomorrow. Harvill Secker, 2015.
Harari, Yuval Noah. 21 Lessons for the 21st Century. Spiegel & Grau, 2018.

Karp, Alex, y Nicholas Zamiska. The
Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West. Crown Currency, 2025.

Thiel, Peter, y Blake Masters. Zero to One: Notes on Startups, or How to Build
the Future. Crown Business, 2014.

IEA. Global Critical Minerals Outlook 2025. International Energy Agency, 2025.

Mearsheimer, John J. The Tragedy of Great Power Politics. W. W. Norton, 2001.

MacKinder, Halford J. «The Geographical Pivot of History». The Geographical
Journal, vol. 23, n.º 4, 1904, pp. 421-437.

Schmitt, Carl. Politische Theologie. Duncker & Humblot, 1922.

Löwith, Karl. Meaning in History. University of Chicago Press, 1949.

Sapolsky, Robert M. Determined: A Science of Life Without Free Will.
Penguin Press, 2023.

Hacking, Ian. Representing and Intervening. Cambridge University Press, 1983.

Cabildo Hispanoamericano · Análisis filosófico-geopolítico · 12 de mayo de 2026

No hay comentarios:

Publicar un comentario