
Mi piano y tú - CP
En el silencio tibio de la sala,
el piano suena melodías puras,
blancas y negras en tenue penumbra,
sonando al compás de tu figura.
Te acerco suavemente hacia el marfil,
tu espalda rozando la madera fría,
y el fuego de tu piel que me desarma,
revive en la estancia y suenas toda mía.
De tus labios la primera nota,
un andante dulce que me eriza la piel;
mis manos, maestras en recorrerte,
despiertan en tus curvas acordes de miel.
Despacio desnudas cada misterio,
mientras el eco de un suspiro rueda.
Tus caderas marcan el ritmo exacto,
de piano una coda que en el aire queda.
Mis dedos aprietan buscando un crescendo,
pulsando el deseo, piel con piel,
notas atonales, pasión y lamentos
llegamos a la nota en su punto G.
El piano murmura entre las sombras
cromáticas notas de nuestro ser
obscenas figuras que somos pecado
pero con licencia ya déjate ser.
Hay un forte ávido en tu respiración,
un arpegio ondulante, ardiente en tu cintura
mientras la noche se disipa lenta
sinfonía hecha polvo, concierto sin partitura.
Y al llegar al final, dulce diminuendo,
rendidos sobre el paño, transpira la madera,
nuestros pechos descansan al compás despacio:
tras crear la obra más bella que jamás existiera.
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