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¡Bienvenidos, amigos del blog! Es un placer abrirles las puertas de este espacio que he cultivado desde 2009, un rincón donde convergen mis pasiones por diversas disciplinas humanísticas: las artes, la historiografía, la música, la literatura y la espiritualidad. Con el fin de atesorar, conservar y compartir, recopilo trabajos, obras, escritos y cantos de otros que valoro, y los combino con aportaciones originales que nacen de mi contemplación, estudio, reflexión, arte y creatividad. Para accesar las publicaciones originales debes escribir mi nombre (Chadys) o iniciales (CP) en la barra de búsqueda del blog. Espero puedan disfrutar de este espacio, al igual que disfruto yo al compartirlo con ustedes. También pueden explorar mi música en Spotify y YouTube. Quienes deseen adquirir mis obras literarias y musicales pueden hacerlo a través de su librería preferida, en Amazon, eBay, o contactándome directamente. Gracias por acompañarme en esta saga, un abrazo solidario.

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jueves, 3 de septiembre de 2026

La sabiduría de la hoja - CP

 

"Mira cómo cae la hoja, sin temor y sin lamento,

abandona aquella rama cuando llega su momento;

no se aferra a lo que muere, ni maldice al vendaval,

pues comprende que hay finales que también saben sanar.

Hay caminos que se cierran para abrir otro sendero,

hay inviernos que se llevan lo que ya no fue sincero;

y aceptar que algo termina, aunque duela su partida,

es dejar que nazca espacio para otra forma de vida."

— Anónimo

Nos cuesta trabajo soltar. Nos aferramos con fuerza a etapas, relaciones, proyectos o certezas que han perdido su verdor, ignorando que la naturaleza entera opera bajo una pedagogía silenciosa: para volver a florecer, primero hay que aprender a despojarse. La hoja que se desprende del árbol no lucha contra la gravedad ni maldice la corriente del viento; no interpreta su caída como un fracaso, sino como una pausa necesaria. Debemos entender que la hoja no cae porque haya perdido la vida, sino porque el árbol necesita soltarla para guardar sus fuerzas, resistir el frío del invierno y preparar en secreto las yemas del próximo año.

Esta fragilidad y constante ritmo de cambio ya lo observaba el filósofo Marco Aurelio al recordar que las circunstancias humanas son "como las hojas que el viento esparce por el suelo". Aceptar esa impermanencia no significa resignarse con amargura, sino reconciliarse con la sabiduría de los tiempos. La propia Escritura nos refleja en esa imagen al decir que "todos nosotros caímos como las hojas" (Isaías 64:6); sin embargo, allí donde la vulnerabilidad humana ve un final, la fe reconoce un orden supremo. Como bien declara Eclesiastés 3:1-2: "Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar".

Aceptar un final exige una profunda valentía espiritual. Tememos al invierno porque su paisaje parece árido, pero en realidad es el taller silencioso donde se gesta la vida. Como bien enseñó C.S. Lewis: "Hay cosas mucho, mucho mejores por delante que cualquiera que dejemos atrás". No obstante, para recibir esas promesas es indispensable tener las manos vacías. Soltar no es olvidar ni despreciar lo vivido; es agradecer lo que fue, sanar la herida del desprendimiento y confiar en que todo cierre de ciclo es solo la antesala de un nuevo florecer. A veces, la mayor sabiduría consiste simplemente en imitar a la hoja: soltar la rama con serenidad, sabiendo que el mismo viento que nos desprende nos sostendrá hacia nuestro verdadero destino. - CP

El valor de la verdadera amistad. - CP

Es muy fácil rodearse de gente cuando hay fiesta, comida y todo va bien. Pero la verdadera amistad no se prueba en los días de sol, sino en medio de la tormenta.

Ahí, cuando cae una enfermedad, cuando los números no cuadran al final del mes o cuando la ansiedad no te deja pegar ojo, es donde la lista de "amigos" se reduce a los contados con los dedos de una mano. Y no pasa nada, porque la calidad siempre supera a la cantidad.

Un amigo real no necesita tener un manual con todas las respuestas ni resolverte la vida mágicamente. A veces su mayor acto de amor es simplemente estar: quedarse en silencio a tu lado, traerte un café sin que se lo pidas o escucharte desahogarte por tercera vez de lo mismo. Como bien dice Proverbios 17:17, "en todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia". Pero también me recuerda a lo que dice Eclesiastés 4:9-10: "Mejor son dos que uno... porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante".

Tener a alguien que te levante del suelo cuando no tienes fuerzas es un regalo inestimable. Pero la pregunta que me hace ruido por dentro hoy es: ¿estoy siendo yo ese tipo de refugio para alguien más? Porque la verdadera amistad no solo se busca... también se ofrece. - CP