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domingo, 18 de octubre de 2026

Ensayo sobre los Abismos del Dogmatismo: Polifonías en torno a la Ceguera, la Fe y el Poder. - CP


Ensayo sobre los Abismos del Dogmatismo: Polifonías en torno a la Ceguera, la Fe y el Poder

«La forma más peligrosa de ceguera es creer que tu propio punto de vista es la única realidad».

Esta premisa, inmortalizada en el espíritu crítico de José Saramago, no solo dialoga con la gran tradición literaria del Premio Nobel portugués —quien en obras como Ensayo sobre la ceguera exploró cómo la vulnerabilidad humana y el miedo desarticulan la convivencia—, sino que abre una puerta profunda hacia la filosofía de la alteridad. Ver no significa poseer la totalidad de la verdad; es, a lo sumo, contemplar un fragmento del vasto mosaico de lo real desde la montaña particular de nuestras experiencias.

Cuando el absolutismo dogmático se apodera de las estructuras del pensamiento, la mirada se endurece y se convierte en muro. A lo largo de las siguientes líneas, teólogos, politólogos, filósofos, sociólogos, músicos y poetas entablarán un diálogo riguroso sobre cómo el fanatismo religioso e ideológico ciega a las sociedades, transformando la pluralidad en trinchera.

Capítulo I. La Torre de Marfil del Dogma: Teología y la Tentación de la Verdad Única

En el terreno de la fe, donde lo sagrado debiera inspirar asombro, humildad y apertura al misterio trascendente, con frecuencia ocurre lo contrario: el dogma se erige como una aduana infranqueable. La teología contemporánea ha batallado profundamente con este dilema. Como bien señalaba el teólogo Hans Küng al advertir sobre los peligros del exclusivismo dogmático, «ninguna institución religiosa posee el monopolio absoluto de la gracia divina ni la pretensión exclusiva de encarnar la verdad incuestionable sobre Dios» [1].

Cuando el creyente olvida que su lenguaje es siempre una metáfora finita ante lo infinito, cae en la trampa de absolutizar su perspectiva cultural o doctrinal. Esta patología de la fe convierte la revelación en ideología de exclusión. El teólogo Jon Sobrino, desde la teología de la liberación, profundiza en esta idea al sostener que «el fanatismo religioso surge cuando se absolutiza el templo y se olvida el sufrimiento de la realidad exterior» [2]. La ceguera religiosa no nace de la falta de devoción, sino de un exceso de certeza autocomplaciente que anula la compasión y condena al diferente bajo el peso de la heterodoxia.

Capítulo II. El Laberinto del Poder: Politología e Ideologías de Trinchera

Si la teología sacraliza el punto de vista, la politología lo instrumentaliza para la dominación. En el ámbito de lo público, el fanatismo ideológico opera bajo la premisa maquiavélica o sectaria de que el adversario político no es simplemente alguien con una visión distinta, sino un enemigo existencial al que es preciso neutralizar. Hannah Arendt, en sus lúcidos análisis sobre los totalitarismos, advirtió cómo los sistemas cerrados de pensamiento operan bajo una lógica implacable pero delirante: «la característica principal de la mentalidad de masas totalitaria no es la brutalidad, sino su absoluta incapacidad para distinguir entre el hecho real y la ficción ideológica construida por el dogma» [3].

Desde esta perspectiva, el politólogo contemporáneo reconoce que las ideologías extremas actúan como anteojeras cognitivas. Al creer que su plataforma doctrinal posee la clave definitiva para la salvación de la polis, los fanatismos políticos deshumanizan el debate democrático. Como señala Jürgen Habermas al reflexionar sobre la necesidad de la deliberación racional, «la verdad en política no se posee por iluminación dogmática, sino que se construye intersubjetivamente a través del reconocimiento mutuo y la escucha sin coacciones» [4]. Despreciar la perspectiva ajena en nombre de la razón de Estado o de la pureza revolucionaria es, en última instancia, cegar los cimientos de la convivencia libre.

Capítulo III. La Montaña de la Percepción: Filosofía y Sociología del Otro

¿De dónde proviene esta incapacidad estructural para aceptar la multiplicidad de los puntos de vista? La filosofía y la sociología ofrecen respuestas cruciales al examinar la construcción social de la realidad. El filósofo Emmanuel Levinas enseñó que el acceso a la verdad y a la ética no comienza con la afirmación solitaria del "yo" pensante, sino con la irrupción del rostro del "otro". Para Levinas, «la responsabilidad ética nace en el preciso instante en que comprendo que mi visión del mundo es limitada y que la mirada del otro me interpela y me juzga» [5].

Por su parte, el sociólogo Pierre Bourdieu aportó herramientas indispensables al estudiar cómo los campos sociales y el habitus condicionan nuestras percepciones. Bourdieu argumentaba que «nuestro punto de vista sobre el mundo social está socialmente condicionado, y el mayor peligro intelectual consiste en naturalizar nuestras propias categorías mentales como si fueran leyes universales de la realidad» [6]. Creer que nuestra "montaña" particular es la única cumbre desde donde se divisa el paisaje es el error epistemológico por excelencia. La ceguera ideológica es, en el fondo, una miopía sociológica que confunde la propia posición de clase, cultura o época con la verdad eterna.

Capítulo IV. El Canto y el Verso: La Música y la Poesía frente al Dogmatismo

Mientras los sistemas políticos y religiosos levantan muros con conceptos rígidos, el arte —en especial la música y la poesía— disuelve las fronteras del ego y restaura la capacidad de mirar a través de los ojos ajenos. La música es, por naturaleza, polifónica. En una fuga o en una sinfonía, distintas voces entran en tensión, se contradicen, dialogan y se complementan sin que ninguna anule a la violencia a las demás. El compositor y pensador musical Leonard Bernstein afirmaba que «la música puede nombrarnos y comunicarnos y herirnos y consolarnos, pero sobre todo nos enseña la polifonía de la existencia, recordándonos que el contrapunto es la única forma madura de habitar un mundo compartido» [7]. Escuchar una obra musical compleja entrena el alma para aceptar que la disonancia no es un error que debe ser erradicado, sino parte de una armonía más vasta.

En la misma línea, la poesía actúa como el antídoto más certero contra el dogmatismo porque habita en la ambigüedad fecunda, en la metáfora que nunca se agota en una sola interpretación. El poeta Rainer Maria Rilke, en sus célebres Cartas a un joven poeta, aconsejaba abrazar las preguntas mismas en lugar de buscar respuestas dogmáticas y cerradas: «intenta amar las preguntas mismas, como habitaciones cerradas y como libros que están escritos en una lengua muy extranjera» [8]. La poesía nos arrebata la falsa seguridad de poseer la última palabra y nos devuelve la humildad de reconocernos caminantes que apenas alcanzan a ver un destello en la penumbra.

Conclusión: Hacia una Ecología de las Miradas

Volver a la reflexión inicial y al eco de José Saramago implica asumir una ética de la mirada. El fanatismo religioso e ideológico no es más que el síntoma de un miedo profundo a la intemperie de la incertidumbre; es la necesidad infantil de aferrarse a una certeza inamovible que garantice identidad a costa de excluir al prójimo.

Ver no significa tener toda la verdad; escuchar no exige la sumisión del propio criterio. Frente a la ceguera voluntaria de quienes confunden su parcela con el universo, la gran tarea humanista de nuestro tiempo es construir una ecología de las perspectivas: reconocer que cada ser humano observa el horizonte desde una altura intransferible y que solo a través del diálogo sincero, la polifonía y el respeto a la alteridad es posible disipar las sombras del dogmatismo.

Referencias:

  1. Hans Küng, Teología para la postmodernidad: Un debate abierto sobre la verdad y la pluralidad en las religiones (Madrid: Editorial Trotta, 2004), 112. (Nota académica: Küng analiza cómo el exclusivismo dogmático histórico ha generado históricamente violencia epistémica e intolerancia interreligiosa, abogando en su lugar por un ecumenismo basado en la autocrítica teológica).

  2. Jon Sobrino, La fe en tiempos de crisis y el peligro de los absolutismos religiosos (San Salvador: UCA Editores, 2011), 85.

  3. Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo (Madrid: Alianza Editorial, 2006), 458. (Nota académica: Arendt subraya que la fuerza de los movimientos ideológicos cerrados radica en su consistencia lógica interna, la cual opera inmune a la refutación empírica gracias al blindaje dogmático).

  4. Jürgen Habermas, Facticidad y validez: Sobre el derecho y el Estado democrático de derecho en términos de teoría del discurso (Madrid: Trotta, 1998), 310.

  5. Emmanuel Levinas, Totalidad e infinito: Ensayo sobre la exterioridad (Salamanca: Sígueme, 1997), 78.

  6. Pierre Bourdieu, El sentido práctico (Madrid: Taurus, 1991), 92. (Nota académica: Bourdieu introduce el concepto de habitus para explicar cómo los condicionamientos estructurales internalizados limitan la capacidad crítica del sujeto, generando una ilusión de neutralidad en sus juicios).

  7. Leonard Bernstein, El maestro invita: El poder de la música y la comunicación humana (Barcelona: Acantilado, 2008), 142.

  8. Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta (Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2013), 34.

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