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¡Bienvenidos, amigos del blog! Es un placer abrirles las puertas de este espacio que he cultivado desde 2009, un rincón donde convergen mis pasiones por diversas disciplinas humanísticas: las artes, la historiografía, la música, la literatura y la espiritualidad. Con el fin de atesorar, conservar y compartir, recopilo trabajos, obras, escritos y cantos de otros que valoro, y los combino con aportaciones originales que nacen de mi contemplación, estudio, reflexión, arte y creatividad. Para accesar las publicaciones originales debes escribir mi nombre (Chadys) o iniciales (CP) en la barra de búsqueda del blog. Espero puedan disfrutar de este espacio, al igual que disfruto yo al compartirlo con ustedes. También pueden explorar mi música en Spotify y YouTube. Quienes deseen adquirir mis obras literarias y musicales pueden hacerlo a través de su librería preferida, en Amazon, eBay, o contactándome directamente. Gracias por acompañarme en esta saga, un abrazo solidario.

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viernes, 14 de agosto de 2026

Puentes para elevar, puentes para derrumbar (Reflexión y poema). - CP

Si observamos el devenir de las civilizaciones, descubrimos que la historia de la humanidad es, en esencia, una historia de vías de contacto. Desde las rutas comerciales de la Antigüedad hasta los tratados modernos, los pueblos han sobrevivido y florecido gracias a su capacidad para trazar caminos y tender puentes. Sin embargo, la misma historia nos enseña una lección fundamental: no toda conexión es fructífera, ni toda alianza merece ser preservada a cualquier precio.

Existen pactos que solo se sostienen bajo la sumisión de una de las partes. Relaciones —personales, colectivas o institucionales— que funcionan únicamente mientras uno guarda silencio, tolera la erosión de sus fronteras y cede su soberanía. Durante un tiempo, por miedo al conflicto o por el deseo de mantener una paz aparente, aceptamos esas dinámicas. Pero la paz impuesta a costa de la propia identidad no es paz; es ocupación.

Entender esto transforma nuestra perspectiva. La madurez individual, al igual que el progreso de las sociedades, no consiste solo en la capacidad de aislarse o romper vínculos, sino en la sabiduría para discernir qué estructuras nos permiten crecer y cuáles nos consumen.

Erigir puentes legítimos exige un esfuerzo consciente de arquitectura mutua. Un verdadero puente no requiere que te desmorones para cruzarlo; se eleva sobre el reconocimiento de dos realidades independientes que deciden encontrarse en un punto medio. Crear vínculos sanos implica levantar pilares sobre el respeto, la reciprocidad y la libertad. Es un acto fundacional: construir espacios donde sea posible habitar sin renunciar a quien se es.

Sin embargo, para edificar lo nuevo, con frecuencia es necesario despejar el terreno y aceptar que no todos los caminos trazados en el pasado deben permanecer abiertos.

Si para protegerte has de quemar un puente, bloquear un camino, construir una muralla, bloquear un sendero, hazlo. Ese puente, ese camino, ese sendero, no llevaba a ningún lugar. Mas si para elevarte has de cimentar un puente, trazar un camino, subir una muralla, limpiar un sendero, hazlo. Ese puente, ese camino, ese sendero, te elevarán.

A lo largo de los siglos, grandes imperios y comunidades han tenido que fortificar sus fronteras o replegarse para garantizar su supervivencia y preservar su dignidad. En la vida personal ocurre lo mismo. Quemar un puente que solo servía para facilitar tu propio saqueo no es un acto de destrucción gratuita, sino un ejercicio vital de preservación.

Derrumbar las vías que te exigían autoabandono no es un gesto de derrota, sino el acto narrativo decisivo con el que recuperas la autoría de tu propia historia. Al cerrar los caminos que no conducían a ninguna parte, liberas finalmente el espacio y la energía necesarios para trazar las rutas que verdaderamente valen la pena recorrer.

ARQUITECTURA DEL ALMA

Toda historia comienza con un trazo,

la búsqueda incansable de la orilla,

el deseo vital de hacer un lazo

donde la piedra se vuelve maravilla.

Piedra en piedra, la vida nos enseña

que hay arcos que elevan al horizonte,

vínculos donde el alma se despeña

y otros que coronan en el monte.

Te eleva si el respeto es cimiento,

si cruzarlo no exige tu caída,

si el encuentro es refugio contra el viento

y no la lenta grieta de tu vida.

Mas si la vía tambalea y zozobra,

un paso hacia la pérdida del centro,

recuerda que el fuego también es obra

cuando protege lo que habita dentro.

Que la llama consuma el falso tramo,

el sendero que al vacío me conducía,

que derrumbe el paso que no amo

y de cero cimentar de mi día.

 

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