
¿Qué pasa cuando una institución recibe poder sobre algo... pero no tiene los incentivos correctos para cuidarlo?
Muchas personas creen que un problema siempre se soluciona agregando más control.
Más reglas.
Más autoridad.
Más personas tomando decisiones.
Pero existe una pregunta que pocas veces se hace:
¿Quién controla a quienes tienen el control?
Milton Friedman fue conocido por sus críticas a la ineficiencia de ciertas formas de administración pública.
La frase atribuida a él utiliza una exageración para señalar una idea:
cuando una organización no enfrenta consecuencias claras por sus errores,
puede terminar tomando decisiones alejadas de la realidad.
Porque en muchos sistemas,
quien administra algo no siempre siente directamente el costo de hacerlo mal.
Puede haber burocracia.
Falta de responsabilidad.
Procesos lentos.
Y decisiones tomadas sin entender las necesidades reales de las personas.
Lo curioso es que el problema no siempre es la intención.
Muchas personas entran a una institución queriendo hacer las cosas bien.
Pero un sistema mal diseñado puede producir malos resultados incluso con buenas personas.
Por eso, más que preguntar solamente:
"¿Quién tiene el poder?"
también deberíamos preguntar:
"¿Qué límites tiene?"
"¿Cómo se mide su desempeño?"
"¿Quién responde cuando falla?"
Porque cualquier estructura, pública o privada, necesita responsabilidad para funcionar.
Al final, el poder sin consecuencias puede convertirse en un problema...
pero el poder acompañado de transparencia, límites y rendición de cuentas puede convertirse en una herramienta para construir. ![]()
Como decía Milton Friedman:
"Si pones al Gobierno a cargo del desierto del Sahara, en cinco años habrá escasez de arena."
De la red.
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