Existe una mentira peligrosa que muchos han confundido con virtud: creer que ser bueno significa soportarlo todo.
Callar siempre.
Perdonar sin límites.
Sonreír mientras te hieren.
Seguir extendiendo la mano a quien solo la usa para lastimarte.
Pero no todo se resuelve con bondad.
Hay personas que no entienden el amor; entienden los límites.
No respetan tu paciencia; respetan tu firmeza.
No valoran tu nobleza; la interpretan como debilidad.
Y cuando la maldad se acostumbra a verte tolerarlo todo, termina creyendo que tiene derecho a hacerlo.
Por eso, incluso en las Escrituras, los ángeles aparecen muchas veces con espadas y no con flores. Porque hay momentos en los que la verdad debe ser defendida, la justicia debe ser establecida y los límites deben ser marcados.
La Biblia declara:
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” (Eclesiastés 3:1)
Hay tiempo para abrazar y tiempo para apartarse de abrazar. Tiempo para hablar y tiempo para callar. Tiempo para sanar y tiempo para arrancar lo que está destruyendo.
Hay temporadas donde la luz también tiene que resistir a la oscuridad.
La paz necesita carácter.
La misericordia necesita discernimiento.
Y la bondad necesita límites.
Jesús mismo, que es la máxima expresión del amor, también hizo un látigo y expulsó a quienes habían convertido la casa de Dios en mercado (Juan 2:15). Su amor era perfecto, pero nunca fue permisivo con el abuso, la corrupción o la hipocresía.
No se trata de volverte cruel.
Se trata de dejar de ser ingenuo.
No se trata de vivir atacando a todos.
Se trata de no permitir que cualquiera te destruya.
No se trata de endurecer el corazón.
Se trata de protegerlo de quienes han demostrado que no saben cuidarlo.
La gente buena también tiene derecho a defenderse.
Tiene derecho a cerrar puertas.
Tiene derecho a terminar ciclos.
Tiene derecho a cortar vínculos que solo producen dolor, manipulación y desgaste.
Tiene derecho a marcharse sin tener que justificar mil veces lo que ya fue evidente.
Porque perdonar no significa permitir.
Amar no significa tolerar el abuso.
Ser pacífico no significa ser pasivo.
Tener buen corazón no significa vivir indefenso frente a la maldad.
La Escritura dice:
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” (Proverbios 4:23)
Dios nunca nos mandó a entregar nuestro corazón a quienes constantemente lo destruyen. Nos mandó a guardarlo.
Hay personas que confunden la compasión con permiso.
Confunden la paciencia con debilidad.
Confunden el silencio con miedo.
Y cuando eso ocurre, los límites dejan de ser una opción y se convierten en una necesidad.
A veces la vida te enseña que una flor no detiene a quien viene cargando veneno.
A veces necesitas una espada.
No para vengarte.
No para destruir.
No para convertirte en aquello que te hizo daño.
Sino para marcar claramente el lugar donde termina tu bondad y comienza tu dignidad.
Porque también está escrito:
“Sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.” (Mateo 10:16)
Dios no nos llamó a ser maliciosos, pero tampoco nos llamó a ser ingenuos.
Que tu corazón siga siendo noble.
Que tu espíritu siga siendo limpio.
Que tu amor siga siendo genuino.
Pero que tu carácter sea imposible de manipular.
Porque la verdadera bondad no es debilidad.
Y la verdadera luz no solo ilumina.
También sabe defenderse de la oscuridad.
“Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón.” (Salmo 31:24)
Dr. Ángel Báez
“La bondad sin discernimiento se convierte en una invitación para el abuso; la bondad guiada por la sabiduría se convierte en una fuerza imposible de doblegar.”
De la red.
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