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¡Bienvenidos, amigos del blog! Es un placer abrirles las puertas de este espacio que he cultivado desde 2009, un rincón donde convergen mis pasiones por diversas disciplinas humanísticas: las artes, la historiografía, la música, la literatura y la espiritualidad. Aquí recopilo trabajos, obras, escritos y cantos de otros que valoro, y los combino con aportaciones originales que nacen de mi contemplación, estudio, reflexión, arte y creatividad. Con el fin de atesorar, conservar y compartir, espero puedan disfrutar de este espacio, al igual que disfruto yo al compartirlo con ustedes. También pueden explorar mi música en Spotify y YouTube. Quienes deseen adquirir mis obras literarias y musicales pueden hacerlo a través de su librería preferida, en Amazon, eBay, o contactándome directamente. Gracias por acompañarme en esta saga, un abrazo solidario.

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jueves, 10 de julio de 2014

Nosotros que nos conocemos...

Si nosotros, que nos conocemos, no nos ayudamos... entonces: ¿Quién rayos lo hará? 
Que no se siga repitiendo la historia del buen samaritano...



El buen samaritano (Lucas 10:25-37)

Un maestro de la Ley, que quería ponerlo a prueba, se levantó y le dijo: «Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?»
Jesús le dijo: «¿Qué está escrito en la Escritura? ¿Qué lees en ella?»
El hombre contestó: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y amarás a tu prójimo como a ti mismo.»
Jesús le dijo: «¡Excelente respuesta! Haz eso y vivirás.»
El otro, que quería justificar su pregunta, replicó: «¿Y quién es mi prójimo?»
Jesús empezó a decir: «Bajaba un hombre por el camino de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron hasta de sus ropas, lo golpearon y se marcharon dejándolo medio muerto.
Por casualidad bajaba por ese camino un sacerdote; lo vió, dio un rodeo y siguió.
Lo mismo hizo un levita que llegó a ese lugar: lo vio, dio un rodeo y pasó de largo.
 Un samaritano también pasó por aquel camino y lo vio, pero éste se compadeció de él.
Se acercó, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó; después lo montó sobre el animal que traía, lo condujo a una posada y se encargó de cuidarlo.
Al día siguiente sacó dos monedas y se las dio al posadero diciéndole: «Cuídalo, y si gastas más, yo te lo pagaré a mi vuelta.»
Jesús entonces le preguntó: «Según tu parecer, ¿cuál de estos tres se hizo el prójimo del hombre que cayó en manos de los salteadores?»
El maestro de la Ley contestó: «El que se mostró compasivo con él.» Y Jesús le dijo: «Vete y haz tú lo mismo.»

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