El mañana que no llega
He construido el tiempo sobre un soplo,
una promesa breve dibujada en el viento,
alimentando el alma con el polvo
de un sol que nunca asoma en el firmeza.
"Mañana", me dijeron, y fue el verso
con que me di de comer a mediodía,
sobras de una ilusión en el desierto,
pan de esperanzas muertas pero frías.
Y así pasaron días, años, eras,
esperando la luz tras la ventana,
sembrando la semilla en la madera
a la espera implacable de un mañana.
Hoy el cansancio pesa entre las manos,
la vida se me fue en esta trinchera.
Sé bien que el horizonte fue un engaño,
que nunca llegará la primavera.
Y sin embargo, absurdo y resignado,
sirvo otra dosis de esa fe bendita,
vuelvo a esperar el sol que me ha fallado
y a respirar la sombra que me habita.