que incomoda todavía:
Un solo derecho.
Hacer lo que se quiera.
Sin permiso.
Sin justificación.
Sin necesitar que nadie
valide la dirección elegida.
Libertad absoluta.
Real.
Sin asterisco.
Pero Nietzsche no se detuvo ahí.
Porque la libertad sin lo que viene después
no es libertad.
Es irresponsabilidad disfrazada.
Con ese único derecho
viene el único deber
que tampoco tiene asterisco.
Las consecuencias.
Todas.
Propias.
Sin transferencia posible.
El que elige bien las carga con orgullo.
El que elige mal las carga igual.
Pero las carga.
Eso es lo que separa
la libertad real
de la libertad que solo funciona
cuando el resultado es favorable.
Un derecho.
Un deber.
Sin excepciones.
Sin negociación.
Así de simple.
Así de pesado.
Así de honesto.
De la red.
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