martes, 24 de marzo de 2026

EL ARTE DE NO IR A LA GUERRA (POR UNOS OPORTUNOS ESPOLONES) PARA PODER MANDARLA


En los años sesenta, mientras medio Estados Unidos se ponía ciego de LSD y la otra mitad se jugaba el pellejo en los arrozales de Vietnam, un joven Donald Trump descubrió que el sistema tenía unas grietas maravillosas por las que un hijo de buena familia podía escurrirse sin mancharse los mocasines.
 
Entre 1964 y 1968, mientras cursaba sus estudios universitarios (primero en Fordham y luego en la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania), Trump solicitó y recibió cuatro prórrogas por estudios (aplazamientos legales). Esto era extremadamente común entre los jóvenes de clase media y alta en esa época. No era ilegal ni fraudulento en sí mismo; era el procedimiento estándar para quienes podían permitirse ir a la universidad.
 
El problema es que los títulos universitarios se acaban, y en 1968 la graduación traía de regalo una invitación personalizada de la oficina de reclutamiento. Trump fue declarado apto. Hasta que dejó de serlo. Ese mismo año, en septiembre, recibió una clasificación 1-Y: apto solo en caso de emergencia nacional. El motivo: espolones óseos en ambos talones. En 1972, esa clasificación pasó a ser 4-F (descalificado permanentemente).
 
Y aquí empieza la zona gris. En 2018, The New York Times recogió el testimonio de las hijas del podólogo que firmó el diagnóstico, Larry Braunstein. Según ellas, su padre comentó en privado que aquello había sido un favor al padre de Trump. Un intercambio de cortesías entre caballeros con propiedades inmobiliarias de por medio. Un "favor" entre caballeros. Más allá de esa carta del médico y de la clasificación militar, no han salido a la luz historiales clínicos detallados de la época, y el propio Trump ha reconocido en entrevistas que no recuerda el nombre del médico que lo atendió. La veracidad y gravedad de aquellos espolones se mueve, por tanto, entre lo oficialmente registrado y lo que cuentan después los implicados, pero es curioso que, años después, presumiría de ser el hombre más duro de la sala y que, en su época de esplendor atlético, jugaba al tenis y al squash sin que los pies le dieran la menor queja.
 
Desde una perspectiva histórica y social, el caso de Trump es el ejemplo de manual de cómo los hijos de familias influyentes evitaron ir al frente mediante el uso de recursos médicos y legales que no estaban al alcance de los hijos de la clase obrera.
 
Pero la gran paradoja de ese caso es que el mismo tipo que tuvo "miedo" a las botas de reglamento es el que hoy no tiene reparos en enviar a miles de jóvenes a conflictos que él solo conoce por la pantalla del televisor. Trump no es el primero ni será el último en practicar el noble arte de "haz lo que yo digo, pero no lo que yo hice", pero hay que reconocerle que lo hace con un desparpajo propio de un hipócrita de manual .
 
Al final, la historia nos enseña que los espolones se curan milagrosamente cuando uno ya no tiene que cargar con el equipo de campaña, sino con el maletín nuclear.
 
Tomado de: https://www.facebook.com/photo/?fbid=1389207119907276&set=a.585074123653917 
 

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